9 Oct · Psicosol · Sin Comentarios

Queridos papás y mamás, lo estáis haciendo muy bien.

Comienzo así, para que los padres y madres que lean este artículo se relajen un poco. Y es que, cada vez más, siento que los padres y las madres se ven sometidos a una inmensa presión social, que desemboca en culpa.

La culpa es una emoción, de tipo negativa, que suele servirnos para reflexionar respecto a lo que hemos hecho y lo que creemos que deberíamos de haber hecho. Por ejemplo, si le tiro una piedra a un coche y rompo el cristal, me tengo que sentir culpable, sobre todo cuando nos regañan nuestros padres, porque lo que he hecho está mal.

Pero claro, respecto a la educación ¿qué es lo que está bien y qué es lo que está mal? Realmente, no existe ni lo que está bien ni lo que está mal, tan sólo lo que yo espero. Por ejemplo, si al educar a un perro yo espero que se siente a mi orden, cuando le pido que se siente, si no lo hace, creo que está mal, porque no se ajusta lo que hace el perro con lo que yo le pido que haga.

Entonces, educar a nuestros hijos se basa no en permitirles crecer sanos y animarles a que sean adultos responsables, sino a, que hagan lo que yo espero que hagan. Claro, si esta es mi premisa en la educación, me voy a sentir muy mal al comprobar que el niño, a pesar de mis esfuerzos, va a hacer otras cosas, y como criticar a mi hijo me duele mucho, prefiero criticarme a mí mismo, y así, al final me voy a sentir culpable. Por ejemplo, si a mi hijo le da una rabieta tremenda porque ya es lo hora de irnos del parque y no quiere, en lugar de pensar “es natural”, pensamos “debería haberlo traído antes, soy un padre nefasto”.

No te sientas culpable, sólo cambia tus premisas.

Y para que esto no sea sólo una charla filosófica, unos consejos para evitar sentirnos tan culpables:

  1. Educa a tu hijo desde el mismo momento de su nacimiento. Mañana ya es tarde.

  2. No intentes explicarle todo a tu hijo, porque muchas veces no lo va a entender y además no te va a dar la razón

  3. No justifiques tus decisiones porque, además de que el niño no las va aceptar, verá que eres débil, y que él o ella son los que mandan, y no tú

  4. No” es una palabra del diccionario que se puede usar sin problemas.

  5. Fomenta el diálogo con ellos, que ellos comprendan también tus necesidades

  6. Poner límites a la conducta de tus hijos no les impide crecer, sino que les ayuda a crecer seguros. Tu hijo no se va a “traumatizar”

  7. Ellos no son el centro del universo. Házselo ver.

  8. Tus hijos no necesitan todo lo que piden ni todo lo que quieren

  9. Aprende a disfrutar de TODA tu vida. Ellos son una parte de tu vida, pero no la única.

  10. Al final, por mucho que quieras a tus hijos, se irán de casa.

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