19 Nov · Psicosol · Sin Comentarios

La otra tarde, la sala de espera de la consulta de Psicosol estaba repleta de estudiantes. Muchos con ropa de calle, otros uniformados de colores diferentes: jerséis verdes, rojos, azules; polos o camisas; la mayoría pantalón gris; las niñas con faldas… No pude por menos que sentir una gran curiosidad por estas diferencias en las vestimentas.

El vestir de uniforme es algo que se remonta a tiempos de la edad de los metales (por ejemplo, el uniforme en los ejércitos sumerios, acadios o egipcios sobre el 3.000 a.C.). Sin embargo, el origen del uniforme escolar proviene de la época en que la educación se ofrecía en centros tutelados por la Iglesia, desde el siglo VI. En esa época a los alumnos se les impone un uniforme escolar muy similar a los hábitos de los monjes: sayos largos de materiales resistentes. Estaban confeccionados con materiales duraderos y eran austeros para fomentar la humildad y no hacer distinciones entre los alumnos.

Enrique VIII (1491-1547) marca tendencia al determinar la vestimenta de los escolares ingleses. La decisión se tomó posiblemente en aras de diferenciar las escuelas de su país de las del resto de Europa, por motivos religiosos. Recordemos que la Iglesia de Inglaterra se separa de la Iglesia Romana precisamente en 1534 bajo su mandato. Entonces el uniforme se denominó “bluecoats”, al teñirse las prendas de color azul, tinte más barato de la época, y consistía en un abrigo impermeable tipo capa.

Con el paso del tiempo, la educación se diferencia por clases: los niños pobres acuden a las escuelas religiosas mientras que los hijos de familias acaudaladas acuden a internados elitistas con su propio uniforme que les distingue del resto. En 1870, Inglaterra dicta la educación primaria gratuita. Esto supone que el uniforme escolar se implanta en todas las colonias británicas de punta a punta del globo terráqueo, y se convierte en el modelo de vestimenta a seguir por los demás países.

El uniforme escolar queda definido por: vestido hasta la rodilla con delantal para las niñas y para los varones, pantalones cortos en los infantes y largo a partir de la pubertad, todos ellos con camisas blancas. Este ha sido más o menos el tradicional uniforme reinante durante el siglo XX.

Sin embargo el uso del uniforme a lo largo del siglo pasado ha evolucionado de maneras diferentes: mientras que en Inglaterra, Japón y otros muchos países la mayoría de los escolares, ya sean de centros públicos o privados visten uniforme escolar, en España, Italia o Francia ha perdido notoriedad en los centros públicos, quedando su uso exclusivamente para los centros privados.

En la actualidad se avecinan cambios. En Inglaterra o Alemania, por ejemplo, el acortamiento del largo de las faldas (en muchos centros han pasado a ser minifaldas), unido al sentimiento discriminativo y sexista, está provocando un movimiento a favor del uso del pantalón por ambos sexos. Recordemos que en el ejército y en numerosas empresas privadas, la falda para las mujeres ya no es obligatoria. En España, son muchos los centros públicos que abogan por retomar la uniformidad entre sus alumnos.


 

Tras todo lo anterior, deseamos ofrecer algunas conclusiones:

  • En general el uso del uniforme escolar es positivo, pues no fomenta la discriminación relacionada con las marcas y facilita la elección de la ropa por las mañanas. En cuanto al coste, generalmente el uso del uniforme escolar abarata el gasto para los padres. Lamentablemente en ocasiones resulta más caro y es de peor calidad que la ropa de calle, y sólo se justifica por motivos estéticos.

  • La moda de acortar faldas, camisetas, escotes y demás es negativa. Es preferible un mínimo de recato en la vestimenta, que el uniforme suele aportar, y que los centros escolares deberían de vigilar.

  • Otro tema, el que las mujeres usen pantalón debería ser una decisión personal, quedando a su libre elección el uso de falda o pantalón.

  • La uniformidad entre los escolares, sobre todo entre los más pequeños, no destruye la creatividad, sino que ayuda a que se centren en el aprendizaje.

  • Respecto a la edad, llega un momento en que los jóvenes han de ir adecuándose a la vida laboral, donde ya no es frecuente el uso de uniformes. Por eso, a partir de la educación superior, no obligatoria, se debería dejar de usar el uniforme escolar a favor de la ropa de calle.

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