1 Oct · Psicosol · Sin Comentarios

El phubbing: otra palabra que significa “mala educación”

Ni yo mismo conocía esta palabra hasta el martes pasado, que mi amiga Raquel Tapia (periodista de COPE Marbella) me envió un artículo sobre este término para que habláramos de él hoy en la radio.

Lo que he descubierto son varias cosas:

  • La tendencia de darle un nombre a cada cosa, de etiquetar para de esa manera podernos referir a algo. Ahora ya no salimos a la calle a correr, sino que practicamos running, si juegas al ordenador eres un gamer, si bailas como una “guarrona” haces twerking, …
  • Y por otro lado que ahora ser mal educado ya tiene otro término: phubbing.

 

El phubbing proviene de las siglas FOMO, fear of missing out, es decir más o menos, miedo a poder perderse algo o también miedo a estar desactualizado. Es una adicción y se da en una doble vertiente:

  • La necesidad imperiosa de estar a la última en las nuevas tecnologías. Así, si mañana sale el Idiot 10, yo tengo que tenerlo como muy tarde pasado mañana.
  • Y, por otro lado, la necesidad obsesiva de estar a la última en tendencias, noticias o información.

 

En el primer caso supone un gran problema para el bolsillo. En el segundo caso supone dedicar más tiempo a las nuevas tecnologías, especialmente a las redes sociales. Y claro, en un mundo en que las noticias están obsoletas casi al instante, en que el postureo y exhibicionismo digital son una constante, en que si no damos una “replica” a una noticia u opinamos algo en menos de 10 minutos es como si nos hubiéramos muerto, el phubbing es un gran problema.

En el caso de los adultos, el phubbing supondrá ser un mal educado. En una reunión uno de los presentes no deja el teléfono o la Tablet ni a sol ni a sombra, no sigue el hilo de las conversaciones e interrumpe para comentar algo que acaba de leer. Habrá que plantearse si la reunión le interesa o no. Los jóvenes esto no lo ven como mala educación, ya que todos están constantemente conectados.

Sin embargo, para ellos que buena parte de su día lo pasan en la escuela o instituto y no “pueden” conectarse, se convierte en una auténtica pesadilla: al salir de clase descubren con horror que se han quedado desfasado, obsoletos. ¡Tantas noticias nuevas! Y entonces se deja de lado el estudio para poder responder a los miles de mensajes de WhatsApp, interactuar en los blogs, subir fotos a Instagram o Snapchat…

¿Supone algún beneficio esta tendencia? Para algunas personas, supone cubrir la idea de ser parte de algo: de una sociedad, de un grupo de personas, de estar presente. En el fondo supone el ser admitido. La sensación de pertenecía, la idea de “soy porque me ven”, de sé más que tú porque me mantengo informado, etc. mejorar la autoestima.

Tristemente también supone un grave peligro: el posible aislamiento en el caso de los adultos, y la despersonalización y pérdida de autoestima para los jóvenes: si lo que los demás ven de mí no les resulte interesante, si no recibo suficientes “likes”, si no estoy realmente a la última, etc. al final ya no me siento admitido, ya no pertenezco al grupo, estoy desfasado, en definitiva, ya “no soy nada”. Ya se han dado casos de suicidio porque el joven no recibió suficientes interacciones con la publicación que subió a las redes sociales, y entonces su vida carecía de significado. En parte es lógico si pensamos que la autoestima forma parte de nuestra personalidad. Y curiosamente no se crea por como soy yo o como yo me veo a mí mismo, sino por cómo los demás hacen que yo me vea o sienta: los demás son el espejo en que me veo reflejado. Un ejemplo: voy a la peluquería y yo me siento muy guapo. Pero un amigo me dice “te veo raro”, y ya nuestra autoestima se viene abajo.

Vigilemos a nuestros hijos, y seamos un buen ejemplo.

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