16 Sep · Psicosol · Sin Comentarios

El ser humano posee una serie de recursos cognitivos como hablar, atender, memorizar, pensar, planificar… Sin embargo, estos recursos son limitados. Por ejemplo, no podemos mantener la atención fija en algo durante mucho tiempo. Si forzamos la atención, supondrá un gran esfuerzo, nos cansaremos y al final tendremos que abandonar. Es lo que sucede si mantenemos la respiración: antes o después nuestro organismo manda, y realizamos una gran inspiración.

Para que podamos hacer más cosas, el cerebro ha encontrado una solución: los automatismos o hábitos. Así, al cepillarnos los dientes, por ejemplo, somos capaces de ir vistiéndonos, o al comer podemos ver la televisión: hacemos varias cosas todas a la vez.

Las rutinas son series complejas de conductas, que al estar todas asociadas requieren menor esfuerzo mental que si tuviéramos que controlar todas de manera controlada.

Con los niños sucede lo mismo. Ofrecerles hábitos, rutinas, les da la posibilidad de organizar su vida. Por ejemplo, a los bebés les da la posibilidad de aprender que tras el baño viene la siesta. A los más grandes, les da la ocasión de ir aprendiendo a gestionar el tiempo. Los hábitos les dan seguridad, les estructura la vida, les da confianza en que la vida tiene un orden, les marca unos límites…

Durante el periodo estival, en vacaciones, las rutinas se relajan. Pero al regresar al colegio, es fundamental que se recuperen los hábitos y las rutinas, para recuperar, por ejemplo, los horarios de sueño, de las comidas, etc.

Ofrecemos una serie de hábitos y rutinas, que debemos dar a los niños a la vuelta del colegio, que les facilitarán el comienzo escolar:

  • La hora de acostarse es de los aspectos más importantes. Las primeras semanas les costará dormirse antes, pero eso marcará su reloj interno, les ayudará a funcionar mejor. Si volvemos a los horarios escolares antes de la vuelta al cole, y si lo hacemos de manera progresiva, cuando comience el curso todo será más sencillo

  • Parejo a la hora de acostarse está la hora de levantarse. En verano los niños suelen levantarse más tarde, pero para acudir al centro escolar necesitan levantarse muy temprano. Como en el caso anterior, regresar paulatinamente a los horarios, antes del comienzo escolar, facilitará que comiencen el curso mejor.

  • Los horarios de la alimentación, son imprescindibles. En el periodo estival comemos más tarde, a veces no hay merienda, y la cena también es más tarde. En época escolar la comida suelen tenerla más o menos impuesta, por el horario del comedor o por la salida del centro escolar. Pero debemos pensar que, la alimentación incluye, para los niños, desayuno, comida, merienda y cena (a veces también un segundo desayuno a media mañana). Cuidando los horarios así como la alimentación, funcionarán mejor.

  • Las rutinas pueden incluir el aseo, el orden al vestirse, preparar la mochila… Por ejemplo, una rutina que incluya lavarse los dientes siempre que coman algo (no solo tras el almuerzo o antes de acostarse) facilitará que tengan buenos hábitos de aseo.

  • Las rutinas matutinas, si las establecemos, nos evitaremos discusiones de “quiero dormir más”, “no quiero desayunar”…

  • Las rutinas han de programarse entre los niños y los adultos, pero una vez marcadas, deben ser constantes, y sólo romperse ante situaciones extraordinarias. Así, por ejemplo, podemos dejar que los viernes y sábados los niños se duerman algo más tarde (por ejemplo a las 23 si entre semana lo hacen a las 22), pero no a las 2 de la madrugada, pues esto desestructura los hábitos de sueño, los horarios y las costumbres.

  • Podemos también marcar una rutina escolar, relativa a los horarios de estudio, que incluya una programación semanal que situemos en la nevera, y en la que marcaremos la hora de comienzo del estudio, la hora de finalización, los descansos, el aseo y alimentación, los momentos de esparcimiento y juego, momentos para la lectura… Al tenerlo pactado con los niños ganaremos su colaboración. Al tenerlo por escrito no hay lugar a duda de los horarios. Al mostrarlo siempre tendremos un lugar de referencia.

  • Los hábitos deportivos también son importantes, para los niños y para los adultos. Incluir semanalmente un momento de deporte en familia ayuda a la salud, cohesiona a los miembros de la familia…

Ser rutinarios no significa ser aburridos, sino la mejor manera de que la familia fluya. Los hábitos y la rutina son los “lubricantes” del engranaje familiar: facilitan que se hagan las cosas sin roces, tiranteces, discusiones…

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